Vuelo Bogotá – Miami

Gustavo Medina del Rosario

El paradigma del perro de Santa Brígida y Nails in Key West..

Hace más de trece años decidí crear mi primera empresa. Pasar de trabajador de la Fundación Universitaria de Las Palmas y convertirme en empresario (no estaba tan de moda lo de emprendedor).

Y como muchas cosas, el por qué ocurrió tiene su historia.

Esto fue hace ya muchos años en el pueblo de Santa Brígida. Yo vivía por aquel entonces en el casco del pueblo y como cada noche, sacaba a pasear un ratito a mi perro. En realidad, ambos nos sacábamos a pasear y él aprovechaba a desahogarse un poco.
La noche en cuestión, llovía. Lo justo para molestar pero no empapar. Y en la ruta de vuelta a casa, había un paso de peatones. En España se suelen respetar esas señales y en un pueblo aún más, pero si además llueve, casi que podrías cruzar sin mirar. Efectivamente el primer vehículo que tuvo ocasión, paró.

me quedé mirando fijamente a la camioneta… con la mirada perdida…

Se trataba de una furgoneta con tres chicos dentro. Pertenecía a una empresa local de lavado en seco. Una lavandería, en un pueblo sin muchos establecimientos hoteleros, con varias furgonetas y varios trabajadores. Y con total seguridad el empresario al menos viviría de ella.
En lugar de cruzar me quedé mirando fijamente a la camioneta… con la mirada perdida… varios segundos, hasta que abusé de la paciencia del conductor que me volvió a la realidad con el claxon. Y crucé, sin dejar de mirarla.

¿Cómo una pequeña empresa, una lavandería, en un pueblo como Santa Brígida tenía tres personas contratadas, en al menos una de sus camionetas, y era capaz de pagar esas nóminas y de ser un negocio rentable?

¿Cómo era posible que yo me considerara una persona innovadora, en un sector emergente como era el tecnológico, con productos y servicios basados en el conocimiento, no me atreviera a dar el salto y crear mi propia compañía?

¿En qué momento me había conformado con tener un horario, un sueldo y un perro? No me malinterpreten, es totalmente respetable, pero no era mi caso. Yo quería y me sentía capaz. Era un último y no tan profundo temor a dar el salto. A tener la autoestima necesaria para verme capaz. A tener la libertad de intentarlo. No me costó mucho convencer a Cristina y Sergio y fundar nuestra primera compañía.

todo es posible en un país en el que se recompensa el esfuerzo y el consumo

 

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Años después, se me ha vuelto a repetir la experiencia. En este caso en otro contexto. Ya con varios proyectos empresariales en marcha, en otro mercado, en otro país y con una forma más pragmática y liberal de hacer algunas cosas.

Aprendo mucho casi a diario y una de las cosas que más me sorprenden es la supervivencia de empresas y negocios en locales y centros comerciales con costes 3 y 4 veces superiores a los que tenemos en nuestra región. Es el caso de locales con el letrero de NAILS (manicura) que existen por todos lados, en los que pocas veces veo más de 2 clientes entre las 7 u 8 puestos libres.

Es increíble cómo pueden sobrevivir este tipo (y otros) de negocios, distribuidos por toda la región, desde los Cayos del sur hasta las frontera del norte del país.

Y esto, en realidad me anima a pensar que todo es posible en un país en el que se recompensa el esfuerzo y el consumo devora constantemente cualquier idea mínimamente con sentido. No nos queda más remedio que triunfar, estamos en el sitio, en el sector y en el momento.

Nada es imposible

Permítanme acabar con una de las famosas frases de Muhammad Ali, como pequeño homenaje:

“Imposible es solo una palabra que utilizan los débiles que encuentran más fácil vivir en el mundo que les han dado que explorar el poder que tienen para cambiarlo. Imposible no es un hecho. Es una opinión. Imposible no es una declaración. Es un desafío. Imposible es potencial. Imposible es temporal. Nada es imposible“.

Gustavo Medina del Rosario

Gustavo Medina

CEO - The Singular Factory S.L.
Linkedin | linkedin.com/in/gustavomed/