Vuelo Gran Canaria – Fuerteventura. Paradigma local

Gustavo Medina del Rosario

Una de las cosas que valoro positivamente de estar fuera del país en el que está el equipo de trabajo de la mayoría de nuestros proyectos, es la perspectiva que te da ver las cosas de lejos. Esto aplica a muchos ámbitos laborales, económicos y sociales.

No hay nada como observar desde otro ángulo para descubrir nuevos matices, nuevas formas de conseguir resultados y nuevos comportamientos.

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…entender un punto de vista diferente te ayuda a replantear lo que se asumía como normal o incluso justo.

Les voy a compartir dos experiencias en este sentido, dos de la muchas que ocurren a diario, cuando estás fuera del entorno local en el que has estado muchos años.

La primera fue simplemente leyendo un artículo en prensa americana. En él analizaban y comparaban los diferentes enfoques que a los créditos hipotecarios se les daba en países de varios continentes. Cuando hablan de España destacaban que “aún devolviendo el bien hipotecado” y pese a otorgar créditos para el 80% de la valoración, en nuestro país se adquiría el compromiso de seguir vinculados a la deuda. Aunque esto no es exactamente así, desde la perspectiva de un país que tiene en su ADN el concepto del “derecho a volver a empezar” es cuanto menos sorprendente cómo les choca la forma de enfocar este tema que tenemos en nuestro país. Y a mi me resulta aún más curiosa la asimilación que hemos ido haciendo, hasta parecernos algo normal. En mi caso hasta que tienes la posibilidad de dar tres pasos atrás y ver las cosas con la perspectiva que desde dentro no tienes. Y entender un punto de vista diferente que te ayuda a replantear lo que se asumía como normal o incluso justo.

Aún más curioso fue el encuentro que algunos empresarios europeos tuvimos en Washington en las instalaciones de la Cámara de Comercio Americana. Nos presentaron a una señora de unos 50 años de edad que representada el paradigma del sueño americano: mujer, inmigrante y empresaria de éxito.

Se trataba de una antigua trabajadora de COMPAQ, una conocida marca de equipamiento informático muy exitosa en los años 90. Entró a trabajar en la compañía y escaló puestos hasta alcanzar las responsabilidades de secretaria de dirección. Allí entendió los procedimientos y trámites administrativos de las licitaciones públicas del Gobierno Federal y en pocos años creó su propia compañía y comenzó a ensamblar ordenadores a partir de componentes importados de Asia.

Fue ganando concursos y se convirtió en una empresaria de éxito experta en este tipo de proyectos.

Tras finalizar su intervención y llegar a las preguntas, me interesé por el procedimiento, especialmente por los plazos de pago por parte de la administración. Ella confesó que era algo que el sistema debía mejorar y terminó diciendo que se tardaba unos quince días en recibir la orden de pago. Las risas del grupo de españoles desconcertaron a nuestra ponente, que no terminaba de entender lo que ocurría. Nos apresuramos a aclarar que en España el plazo no era menor de 60 días (hablamos de comienzos de siglo) y que en muchas ocasiones era muy superior.

Pero esto no acabó ahí. Tras un breve debate descubrimos que ella se refería a quince días tras la adjudicación, mientras que nosotros hablamos de 60 días tras la finalización del contrato o la instalación del material… y en ese momento nuestra exitosa empresaria nos preguntó cómo podíamos dar el servicio si no cobrábamos en el momento de la adjudicación.

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Todos nos preguntábamos en realidad, cómo era posible que hayamos permitido que un sistema tan ineficaz se convirtiera en algo aceptado y hasta justificado por todos. La pregunta que la señora nos hizo era tan obvia y lógica desde su perspectiva, que la respuesta de nuestro grupo (financiando la operación) daba un poco de vergüenza.

La conclusión que sacamos para justificar la forma en la que el proceso era así en España, y tras unos minutos de interesante debate, fue que todo esto era posible (o imposible, en función del país del que se hablara) gracias a un sistema judicial eficaz. Por defecto, en Estados Unidos no se espera que el adjudicatario no cumpla o robe. Por defecto, se espera que todo funcione correctamente y que el servicio se de en tiempo y forma. Y por defecto, todos saben que si no fuera así, el sistema judicial actuaría eficazmente. No transcurrirían meses o años en reclamar responsabilidades si fuese necesario.

Gustavo Medina del Rosario

Gustavo Medina

CEO - The Singular Factory S.L.
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