Vuelo Miami – Frankfurt, El efecto IBM

Gustavo Medina del Rosario

Generadores e identificadores de problemas y personas con capacidad de solucionarlos…

Podemos categorizar a las personas como las que traen los problemas y las que los acompañan con las propuestas y/o soluciones. Es decir, los problemas existen (los americanos tienen una expresión muy contundente sobre esto: “shit happens”). La diferencia radica en la forma en la que se afrontan.

Hay personas que directamente son generadores o como poco identificadores de problemas. Con suerte y en el mejor de los casos, de problemas que están por venir. Pero me temo que casi siempre con problemas que ya han llegado.

Ante esto se limitan a transmitirlos y esperar órdenes.

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Sin embargo hay un grupo que destaca. Aquel que los acompaña con propuestas, soluciones o en definitiva plantean los obstáculos con propuestas e ideas. Quizás no siempre acertadas pero son la base de un aprendizaje que parte de la iniciativa de ser proactivos no sólo ante nuevas tareas sino frente a aquellas que se tuercen.

No he logrado definir un patrón que los identifique a priori, pero sí he avanzado hasta el punto de reconocer un flujo común en muchos de ellos: una interpretación positiva de los estímulos que recibe.

El resultado de muchas acciones que emprendemos depende del comportamiento que hayamos tenido para obtenerlo. Muchas veces ese comportamiento a su vez parte de emociones, positivas o negativas en función de los pensamientos que almacenemos a partir de esas interpretaciones de la realidad.

Es por tanto nuestra interpretación de la realidad la que finalmente puede llegar a definir nuestra postura ante un determinado problema.

Un ejemplo muy manido pero eficaz es la actitud de diferentes personas, emprendedores, empresarios, etc ante determinados problemas o crisis. Identificando oportunidades o pesadillas. Es nuestra interpretación de lo que ocurre lo que nos puede condicionar.

Gigantes vs. pequeños

Ese mismo flujo lo he encontrado en otro colectivo muy concreto. El de los que deben decidir por un determinado proveedor o tecnología. Un ejemplo muy claro es el de la Administración pública en la selección de concursos para productos o servicios a contratar.

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Cuando deben decidir entre una apuesta innovadora de una pequeña empresa o un planteamiento más tradicional de una gran corporación, pesa más la responsabilidad y justificación de la decisión que el riesgo de aspirar al algo que pueda ser nuevo y disruptivo.

Es lo que llamo el efecto IBM.

Es mucho más cómodo apostar por una gran corporación (mucho más cara o no) que por un proyecto emprendedor emergente o mediano. Porque lo que se valora es legitimar elecciones y buscar las excusas apropiadas ante una posible justificación futura (más allá de criterios económicos).

¿quién pensaría que IBM iba a fallar? Es la apuesta cómoda y segura, pero no desde el punto de vista de la selección del mejor proyecto posible al coste óptimo, sino el que defiende la protección y aval personal de quien toma la decisión.

Atrás quedan criterios de compromiso o dedicación del equipo promotor, independientemente de su tamaño. Se pierde una oportunidad de trabajar con personas que sientan pasión por lo que hacen, propongan soluciones innovadoras, den cariño y dedicación a un proyecto que muy difícilmente se encuentra en grandes empresas. Sin contar con el concepto de sembrar y apostar por el desarrollo de nuevos proyectos empresariales y/o sociales.

Esta semana he comprobado en la prensa local cómo grandes corporaciones asiáticas, españolas, americanas, etc. vienen a visitar diversas Administraciones públicas persiguiendo el olor a fondos europeos de diversos tipos. Los que me suenan más estos días se refieren a lo que se denominan proyectos de SmartCity. Todo evolucionará hasta que una gran multinacional ponga su nombre y una empresa local asociada, el trabajo.

Gustavo Medina del Rosario

Gustavo Medina

CEO - The Singular Factory S.L.
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